Solipsistas no, gracias.

0
Solipsistas no, gracias.

Tú eres una persona muy visceral, pero Pedro Sánchez está ya acabado”, me decía el personaje, mientras clavaba su pupila reventona de inquina en mi pupila no azul y asombradísima. Hoy recuerdo la anécdota, mientras sigo celebrando la existencia en torno a las palabras, la noche luce una estela de decente sosiego y en el fondón de las galerías del cerebro repiquetea un aforismo: que el mal nunca sea rentable.

En estas fechas son comunes los personajes solipsistas que, saltando las barreras de cualquier desvergüenza, vuelven a mostrar sus principios reversibles. Se mueven entre besamanos protocolarios y ágapes de sonrisa muy huera y estudiada. Tienen una experiencia casi de siglos y, en los momentos más oportunos, saben adentrarse bien en los círculos que, según ellos, les pueden proporcionar una renovación de contrato para seguir en su zona de confort.

En la distancia corta, sin focos ni testigos, son el ego descomunal que no ve más allá de la sombra de su ombligo. Fuera de ellos nada les interesa; son apasionados de una ambición sin fin, aderezada siempre con un culto a su propia imagen. Lo demás les viene al pairo y, como firma de orgullo tutelado, suelen machacar a todos los que creen inferiores y están a su alrededor. Casi siempre salen impunes porque, como digo, tienen la previsión astuta de cometer las acciones sin luces ni testigos.

En estos días te los has podido encontrar mendigando selfies para repetir hasta la saciedad una sonrisa abierta, pero de fondón muy falso, a poco que se indague en el chivato lenguaje no verbal. Tienen lapsus de prudente distancia, hasta que vuelven a identificar el caballo ganador al que dirigirse, para volver a incidir en el estudiado repertorio. Son, por naturaleza, enfermizos egoistas, de ahí que busquen, en cada recoveco diario, sacar su propio provecho, a veces con maneras ilegítimas. Y siempre estudian el mínimo coste, ayudados por un rastreo calculador, para aplicar los criterios de eficiencia social para lo suyo. No dan puntada sin hilo.

Y cuando se habla de nuevos tiempos y renovación; otras maneras de comprometerse y hacer equipos, retornan con sus personalidades bipolares para ver qué hay de sus cosas. Egoistas, solipsistas, yoistas y silenciosamente dañinos, desconocen por completo la empatía. Andan abonados a un comportamiento inmaduro que les viene de la propia infancia consentida, donde aprendieron a no fiarse absolutamente de nadie porque ellos, reventones de orgullo, se creen autosuficientes para todo; o casi. Quieren siempre recibir, sin dar; manipulan para su propio beneficio. Unos curtidos personajes, en definitiva, los cuales pueden ser más tóxicos de lo que parece, para el futuro constructivo que está por llegar. Solipsistas no, gracias.

Share

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: