Pedagogía 2.0 o el Tratado de Lisboa

Llevo, ahora que me he puesto a recordarlo, algunos años en la red. Durante este tiempo, motivado por mi insaciable sed de conocimiento, no he hecho otra cosa que aprender. Y lo sigo haciendo, afortunadamente, porque forma parte de mi misma esencia y del capricho alocado de mi entramado neuronal. Lo cual, por cierto y para mi mismo, no sé si es motivo para celebrarlo.

En el camino me he encontrado con auténticos desconocidos que luego han terminado siendo amigos; con amigos a medias que han desertado de la otra mitad que nos faltaba y con guruses de turno a lo que, sin gafas, no podía distinguir muy bien de izados que estaban, lejanos siempre a mis aspiraciones de andar por casa. Sin embargo, de todos ellos, absolutamente de todos, supe rescatar alguna anécdota que me sirviera de lección; lo cual es un tesoro incalculable.

La red, por tanto, y sus numerosos habitantes, me han mostrado su cara más democrática, su espíritu colaborativo, el afán por cambiar las cosas, la cordialidad que se cuela entre los fines compartidos; en definitiva, las nuevas herramientas con las que vamos a poder, si nos lo proponemos seriamente, hacer de éste siglo por el que nos ha tocado transitar, un poso de tiempo mucho más humano y amable.

Sin embargo, también hay entornos 1.0 que se resisten a ello, encorsetados en nichos de poder, con poca o nula comunicación entre las personas, henchidos de una suspicacia gris que inmoviliza cualquier intención de innovar y enfrentarse con coraje al futuro que nos llega. Son ambientes de caducidad y caspa, imposibilitados totalmente para capitanear ningún logro a medio o largo plazo, insolventes en cualquier relación prometedora que, humanamente, implique en semejante labor a las personas. Espacios, por lo tanto, fuera de lugar, porque el lugar ya está en otro sitio; en sociedades, como digo, abiertas y colaborativas, solidarias y más democráticas, afectivas y mucho más humanizadas y cooperantes. Ese es el camino de nuestro presente y futuro inmediato, o la elección del inmovilismo eutanásico. En cualquier caso, que en la elección no nos pase como al asno de Buridán, que muramos de inanición antes de decidirnos.

Pero volvamos a lo 2.0 y las sorpresas y las esperanzas que a diario y a menudo nos regala. Hoy quiero hablarles de un nuevo proyecto descubierto, se trata de Eusabio el Blog. Un espacio colaborativo y pedagógico para hablar de Europa o, lo que es lo mismo, un ameno lugar para desentrañar los “misterios” del Tratado de Lisboa, como él mismo dice en su presentación. Les pido, pues, que se den una vuelta por allí y empujen esta ilusión en red hasta hacerla intrínsecamente europea, por el bien de nuestros propios derechos y libertades. Merece la pena.

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