Reconozco que en mi lejana infancia -o no tanto- fui un niño adicto al fútbol, seguidor del Athletic de Bilbao cuando se cantaba aquello de: “Iribar, Iribar, Iribar es cojonudo; como Iribar, no hay ninguno” y que aún mantengo en mi casa una enorme chapela vasca de tamaño casi obsceno que mi padre, extremeño por [...]













































