Hace no mucho tiempo alerté de una campaña en negativo por internet; que si bien desconozco el trasfondo de sus demandas, lo que si es cierto es que las desavenencias de una u otra índole, completamente lícitas en cualquier debate, en ningún momento pueden crear y extender una publicidad en negativo sobre la marca. Eso las empresas -o algunas- lo han entendido bien, y para ello cuentan con un grupo de gestión de crisis, cuyo cometido es apaciguar los ánimos y, por supuesto, dar una solución civilizada a lo que, de lo contrario, se convertiría en una negatividad enconada que siempre va a jugar muy en tu contra.
Ahora parece que circula otra campaña en negativo, de reciente creación, buscando adeptos para enturbiar el prestigio de otros. Se hace a la sombra, a través de mensajes privados, intentando ganar una complicidad que, curiosamente, tampoco obtienen. Y no la obtienen porque, por suerte, hay gente que, sin hacer tanto ruido, tienen bastante claros sus principios, otorgando el beneficio de la duda al primer chorreón de verborrea dañina que, como digo, no tiene más intención que buscar adeptos a la causa. Y la causa sigue siendo la misma: idolatría del yoísmo hasta la extenuación, vanagloria a una personalidad que hace aguas en la marea del propio comportamiento y, en definitiva, poco respeto hacia los demás que, con semejante gesto, se les está empujando a pensar de oídas. La gente, obviamente, no está por la labor.
Éstos son los que cambiaron su apoyo a mitad de camino, trazando una ruta que solo les interesa a ellos, pero que sin embargo irrumpieron de lleno en la campaña, como si hubieran estado ahí toda la vida. Habitan siempre en la primera persona del singular y hablan de su yo subidos a atriles que no les corresponden, frente a un aforo que se queda pasmado al escucharlos, sintiendo vergüenza ajena del solipsismo perpetrado. Vienen del sectarismo más fanático; del aluvión de prosa poco estética que han ido dejando en titulares para alimento de las hemerotecas y que, a la postre, no capitanean nada más que el himno que les dicta la sombra de su ombligo. Suelen escribir desde la inquina y el odio, enfadados en el fondo con su infancia más dolida, pero buscando chivos expiatorios con los que pagar lo incomodo que reside en su propia biografía.
Y la fiesta parece que sigue. Lo que no sé es si a muchos directores de orquesta les gusta semejante partitura. De momento quedan avisados.

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Tal vez aún no nos hayamos dado cuenta del importante potencial de las redes sociales en campañas políticas; o de ser así, lo mismo nos falta darle una vuelta a lo que supone el día a día de un agente electoral en potencia que, en última instancia, representa el escaparate mediático de su partido, dado que desde su imagen y perfil en red está transmitiendo -o debiera- los proyectos y las ideas de gobierno con las que hay que ilusionar y hacer cómplices a la ciudadanía.
El comportamiento en red, por lo tanto, ha de estar basado en la idea principal de equipo, sin solipsismos obscenos militando en el particular yoísmo, porque para esos viajes de ombliguismo no necesitaríamos especiales alforjas. Debería ser, por tanto, la generosidad de la suma de personas que tienen como fin principal el bien común, por encima de desmanes y vanaglorias que ya han de venir gestionadas desde casa.
Una de las primeras enseñanzas que hacen en el marketing, enfocado a empresas; independientemente de la campaña que vayan a realizar en ese puntual momento, es la creación de un gabinete de crisis para solventar posibles problemas que hay que atajar con urgencia, por el bien de todos y, sobre todo, de la marca. Con ello, nos dicen, se solventa la intención de publicidad negativa, que siempre es mucho peor que la no publicidad, dado que nos deja un saldo en el debe de la comunicación que luego es harto complicado cuadrar con el haber.
Y esos desmanes que van a enturbiar sin fin cualquier hoja de ruta, han de ser atajados de raíz por las direcciones políticas que tienen la responsabilidad suprema de conducir un proyecto, dado que con ello nos jugamos la propia imagen en muchos de sus ámbitos, así como los ejemplos palpables que siempre han de ser vivo reflejo de lo que decimos y representamos. El panchovillismo es nefasto en cualquier viaje a acometer, puesto que lo que invita al caos y al desorden contínuo, se convierte en un lastre complicado de entender para los que, en principio, van destinados los mensajes que, en definitiva, son los ciudadanos en su amplio conjunto.
También hay que recordar que, en cualquier debate o intercambio de opiniones, procesos en marcha o futuros, no se pueden rebasar ciertas barreras del plano personal, porque las personas son lo primero y, sino, estaremos también dando carta de juego al crecimiento de la desafección política. Ni podemos ser cómplices de un pensar de oidas, o la persecución a toda costa de lo que no suponga, en el fondo, nuestros muchas veces espurios intereses. No podemos ser cómplices del lenguaje del odio, de la palabra en continua guerrilla, de las expresiones ordinarias y de los gestos disimulados y dañinos que operan en la oscuridad como auténticas gestapos. No podemos ser cómplices de los comportamientos que reciben su zas en toda la boca, en medio de un aforo nada desdeñable, lo cual ya produce hasta vergüenza ajena.
En estos tiempos que vivimos, de inmenso ruido y descomunal dictadura de las prisas, seguimos sin querer soltar el lastre de la astucia, herramienta perversa que con toda seguridad no nos va a servir nada más que para seguir por la senda de un camino ya agotado y reventón de lastre. Hoy, pese a ser cuestionado por algunos gladiadores de los más puristas -que luego no lo son tanto- es el momento de lo afectivo para llegar a ser efectivo; y no al contrario, puesto que para tener el efecto esperado o la utilidad en ciernes, primero hay que llegar a los corazones de la gente; a su realidad más dolida, a la circunstancia puntual que día a día les acompaña. Hay que bajar a la arena de los aconteceres cotidianos sin permanecer escondidos en la sombra de las capillas conspiradoras, o bajo la sombra de un poder oscuro que tan solo intenta perpetuarse a si mismo, viniéndoles al pairo cuáles sean las ideas o los valores a expandir, porque son un ejército de equilibristas que siempre van a andar cambiando su pervertido rumbo. No podemos estar enfrascados en luchas intestinas sin límite, hackear espacios personales para la cuestionable gloria de unos pocos, o llamar a la pira pública a los que no están de acuerdo con los preceptos de un sectarismo que tiende por si mismo a autofagocitarse.
La red: democrática, distribuida, horizontal y con un efecto viral impresionante; es otra cosa. Y es en ella donde habrá que trazar una hoja de ruta que marque meridianamente claro lo que ofrecemos y lo que somos, de tal forma que ese pacto sagrado con la ciudadanía sea nuestra mayor seña de identidad. Es en la red, desde una visión generosa y de equipo, donde habrá que mostrar las alternativas disponibles, las caras de nuestros agentes electorales dispuestos a trasladar los mensajes hasta los últimos rincones y, sobre todo, un modelo de valores y comportamiento que trasciendan la propia red y se muestren a la ciudadanía como un cauce fresco de conversación donde la propia desvirtualización de las personas también sea un importante cometido. Red y presencia física, alternando con suficiente inteligencia los cauces y senderos por donde ha de fluir la información, invitando de continuo a que más gente se sume a un proyecto aglutinador donde cada cual, desde su particular perspectiva, se pueda sentir identificado y corresponsable de la autoría y el avance. Y para eso hace falta traer e ilusionar a más gente por donde discurre el flujo continuo y mayoritario de la información; y converger con ellos, y dar publicidad a las asociaciones en las que participen; y formar parte de sus inquietudes culturales, sus otros y diferentes cauces de participación en cada barrio, rastrear en profundidad cuáles son sus demandas y sus sueños, etc. No perder más el tiempo en la endogamia repetitiva de convencernos a nosotros mismos; o incluso competir por quién es el que mejor lo hace de todos, proyectando múltiples racimos de liderazgos hueros.
En política se está en permanente campaña. La actividad presencial, junto con la red, son los caminos: ¡llenémoslos de palabras y hechos que emocionen, capitaneando el corazón de las personas y, por ende, trayendo a colación la amalgama de sus afectos!.

Coincido en estos días, bajo el calor obsceno del verano madrileño, con un grupo de compañeros y compañeras que están -estamos- realizando un curso de marketing en redes sociales, cuyas aportaciones se pueden seguir a través del hashtag #mkdreams . Para la pedagogía fructífera, contamos con dos profesores de excepción: Beatriz Padilla y Paco Anes y el gran interés de éste enorme grupo de amigos.
Como enseguida me di cuenta de el gran potencial de muchos de sus participantes, me comprometí a hacer algún post al respecto; más que nada para promocionar modestamente sus trabajos, dado que merece la pena seguir muchas de sus actividades. Enormes, creativos y colaboradores, seguro que darán mucho que hablar con sus proyectos. Ya dan sus primeros pasos en internet y, les puedo asegurar que la cosa promete y tiene visos de que llegarán muy lejos.
De uno de los proyectos que me quiero hacer eco es del blog: “Sorbos infinitos” cuyo título, para empezar, ya es lirismo puro en esto de nombrar las cosas. Es obra de Esmeralda Dominguez, gran sumiller, que se ha propuesto relatar y mostrarnos las excelencias de las bebidas del mundo, lo cual es una ardua tarea que, como mínimo, es muy de agradecer. Tiene Esmeralda ese poso creativo que le ha debido de dejar la inmensa cultura de los caldos; o su cata parsimoniosa con el fin de subir una metáfora de gusto hasta el mismo paladar, con lo cual, un espacio personal como el suyo no hará, sino, deleitarnos con el conocimiento excelente que ahora ha decidido compartir. Y es simpática y guapa, lo cual siempre suma himnos metafóricos en torno a la estética del arte.
Pasen y vean, pues, semejante iniciativa. Ya les adelanto que habrá más…

A veces resulta poco menos que insufrible la cacofonía faltona e irrespetuosa de alguna tropa bravucona y montaraz. El lenguaje zafio y grosero que, endiosado en un ego banal y enfermizo, destilan un odio incontrolado y no creativo. Y los reportajes que les han dedicado ya en algunos medios, perpetrando vergüenza ajena y una fama cuestionable en negativo. A veces resulta cansino el ruido y la furia de tanto desalmado afincado en la inquina, devoradores de todo lo que no sea el yoismo descomunal en el que están perdidos y afincados. ¿Pero es que no tendrán sentido del ridículo, se pregunta uno a veces?.
Y en esas estamos cuando, afortunadamente, aparecen otros proyectos en red que si destilan un aire limpio de creatividad y buenas maneras; un saber hacer y estar desde las formas de colaboración más respetuosas; una intención de amabilidad compartida y, sobre todo, unas ganas de que la red siga siendo esa transversalidad amable donde, el efecto viral que produzca, sea principalmente el poner en valor las distintas habilidades y actitudes de los otros. Una suma, en definitiva, de noble y enriquecedora inteligencia colectiva.
Hace pocos días he recibido la invitación para visitar y conocer el proyecto denominado: Fondo de Armario, que es un lugar creado, principalmente, para dar a conocer distintos proyectos que, a juicio de los precursores del proyecto, merecen o deben ser tenidos en cuenta por un mayor número de personas. Se trata de dar a conocer a cantautores, restaurantes, documentales, informes y un largo etcétera que, de continuo, va apareciendo sin cesar en su creativo espacio.
Un proyecto, como digo, que acaba de nacer y que a diario va sumando nuevos e ilusionados seguidores. Estas modestas palabras, por lo tanto, son un mensaje sencillo a modo de felicitación por la tarea y, principalmente, para desearles la mejor de las suertes en una andadura de colaboración muy necesaria, puesta al servicio y para conocimiento de los otros, poniendo en valor; o trayendo a colación, de nuevo, el espíritu transversal y horizontal que, afortunadamente, sigue respirando la red.
¡Larga vida a esas ilusiones compartidas que ahora comienzan!

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Creo que hace al menos tres años, Tomás Gómez ya celebraba encuentros con blogueros en la antigua sede del Partido Socialista de Madrid. Allí nos dábamos cita unos cuantos militantes que, desde distintas perspectivas, andábamos en la red aportando nuestro granito de arena. Por aquel entonces no eramos muchos, pero las distintas y aplicadas aportaciones fueron dando después sus frutos.
Más tarde el propio partido abrió un proceso de primarias para elegir al próximo Secretario General . Dicho proceso, abierto y democrático, hizo que cada cual se posicionara en la elección del que consideraba candidato o candidata más idóneo desde su posicionamiento ideológico y acorde con las expectativas de futuro. Y una vez abierto el proceso, fueron muchos más los que fueron llegando a los distintos posicionamientos para aportar ideas, desde el respeto y la confrontación cívica.
Pero llegados a este punto crucial, también es cierto que se ha dado, y se da, lo que yo denomino el talibanismo sectario como corriente peligrosa y endogámica que puede trastocar seriamente la labor crucial de un equipo. El talibanismo sectario se exhibe sin rubor bajo el lema de: o conmigo o contra mí, hurtando completamente el intercambio de ideas constructivas que, al confrontarlas con otras de distinto parecer, lo que hacen son seguir fomentando un debate sin fin donde se vaya sucediendo un necesario hontanar de reflexiones.
Si una persona, pongo por caso, pretende que toda la política nacional o autonómica, antes de llevarla a cabo, tenga que ser visada por ella misma justo a las puertas de su ego, estamos hablando aquí, casi -o sin casi- de un serio problema psicológico que se aleja completamente de la idea crucial de transformar la sociedad, para hacerla más justa para todos y todas, con la herramienta insustituible de la política.
El talibanismo sectario, creyéndose en posesión de la verdad más absoluta, reniega desde el principio del falibilismo que, como personas humanas que somos, debemos siempre practicar. Somos falibles; no perfectos, y por lo tanto siempre tenemos que albergar la posibilidad honesta de que podemos estar equivocados. Y no pasa nada por ello; muy al contrario, se trata de reconocer errores con humildad, porque es la única manera sensata de no volver a perpetrarlos.
El talibanismo sectario pregona palabras que, en el fondo, hacen de obscena mercancía para su propio beneficio. Emite juicios de valor que son prejuicios, y con ellos pretende sentar cátedra desde un ego entusiasmado de sí; o que huye de sí, sentenciando con insultos y menosprecios a los otros. Viene siempre a hablar de la sombra de su ombligo, regodeándose en la propia auto importancia que considera necesaria, ensalzando un yoísmo atroz donde el grueso de la ciudadanía no se verá nunca reflejada. Y lo hace con un lenguaje de guerrilla, a veces incluso agropecuario, fomentando un odio a todo lo que no comulgue con sus ruedas de molino, buscando adeptos que sumen fuerzas en la batalla de inquina hacia los demás.
Tal vez todo venga de la infancia dolida que a veces se queda como punzada de recuerdo en las galerías del cerebro. Ese afán de venganza o esa huida de nosotros mismos, con el miedo a la soledad reflexiva que es la que verdaderamente indaga la conciencia. Un camino de solipsismo atroz que está en las antípodas mismas de la senda amable y transversal de conformar equipos. Una senda de auto justificaciones diarias que pregonan lo buenos que somos en todo, lo bien que lo hacemos y la obligación que tienen los demás de rendirnos a diario pleitesía.
Y no es una opinión propia; que también; sino una detección que estás llegando a compartir con muchas otras personas, cuando comienzan a sonar las primeras alarmas. El talibanismo sectario, pues, no construye, y en eso hay afortunados acuerdos con opiniones iguales o muy parecidas. Y no construye porque lleva, como queda dicho, la inquina del odio en todo aquel o aquella que lo practica. Ahora, eso si, el peor enemigo que tienen no son los otros, aunque a primera vista pudiera parecer; sino ellos mismos, y atemorizados de poder encontrarse con su propia soledad creativa que les examine y les indague, corren despavoridos en permanente huida hacia adelante: engallados, déspotas, sin sentido del rídiculo, utilizando toda la artillería pesada que ponen en el lenguaje agropecuario del insulto. Desalmados, que es precisamente la actitud que éste incierto siglo, menos necesita. No me extraña que haya empezado a cundir cierta inquietud.

Eso de que te apliquen en el currilaboro la movilidad en descenso que te da de bruces con la cola del paro; aparte de sus enormes inconvienientes, pues también puede rastrear en sus contadas ventajas, entre las que se encuentran los instantes de asueto añadido y obligado con el que uno se topa. Y, en definitiva, algo más de tiempo para la lectura que, sin lugar a dudas, acompaña mucho para intentar salvar la circunstancias orteguianas que, sabido es; si no las salvas a ellas, tampoco te salvas tú, en última instancia.
De entre los varios libros que se encuentran en mi mesa, utilizados siempre para tratar de aminorar mi crónica ignorancia, se encuentra uno de Ignacio Sánchez-Cuenca: “Años de cambios, años de crisis. Ocho años de gobiernos socialistas, 2004-2011” que justo he finalizado hace unos días. El libro nos trae a colación las dos legislaturas recientes de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, las cuales algunos parece que están empeñados en descartarlas totalmente de nuestra reciente historia, haciendo limpieza ideológica o trazando un paréntesis perfectamente acotado para enviarlo a la papelera injustificada del olvido.
Tengo que resaltar que Ignacio Sánchez-Cuenca -Pacho para los amigos- a mí siempre me ha resultado de esos intelectuales que uno siempre encuadra en la poco numerosa lista de tipos campechanos y humildes, pero que a la vez los tienes identificados como investigadores estrictamente rigurosos y críticos, de los cuales la sociedad apresurada y ruidosa en la que estamos inmersos no puede; o no debe prescindir.
Es, pues, un libro interesante y cercano que, a través de su pedagogía necesaria, deja ante las ansias de conocimiento que a todo lector se le supone, un análisis perfectamente esperado; por inexistente hasta la fecha, de los aciertos y errores que tuvo Zapatero en sus etapas de gobierno. Libro, como digo, que junto a otros que van apareciendo, editados conjuntamente por el Laboratorio de la Fundación Alternativas, junto con los libros de la Catarata, acercan de manera necesaria el debate político hasta un público numeroso que, tal vez de otra forma, resulta más complicado el acceso a este tipo de inteligentes reflexiones con las que se hace mucho más enriquecedor los futuros debates que cualquier sociedad cívica y democrática debe de ir generando. Les invito, si me lo permiten, a indagar y leer sus diferentes títulos.

Tags: Comentario de libros, Gobierno, Ignacio Sánchez-Cuenca, Laboratorio de Alternativas, Política
Y si aún así, ésta oligarquía de cínicos y acomodados se te resiste; si ves que tus denuncias y palabras no llegan; si compruebas que tus demandas se pierden por los sumideros de las apestosas burocracias; si atisbas que intentan reírse de ti pese a todo; si te sientes impotente frente a esta realidad fría y destartalada; si tienes la impresión de ser un mero número en la ecuación fría e indigna de tanto burócrata. Si todo ello es así, no pierdas la esperanza.
Ellos están en otras cosas; con sus egoísmos de siempre, su jerarquías apelmazadas, su verticalidad no democrática, su cerrazón envuelta en silencios de despacho. Ellos están con sus egoísmos vitalicios, apelmazados entre sus componendas de egolatría perversa, fosilizados entre la dictadura de sus prisas y el valor de la mercancía como su mantra espurio y absoluto. A otras cosas, siempre, de cuya ingente inmoralidad ya están más que sobradas las páginas inhumanas de nuestra bochornosa historia.
Píllalos a contrapié, dales con el humor que perdieron hace tiempo, sorpréndelos en su falsa seriedad protocolaria y cínica, invade su propio terreno con tu creatividad desbordante y tu denuncia no exenta de humor y nutritivo sarcasmo. Se lo merecen, por farsantes y dañinos, de un mundo que para nada quiere sus penosas aportaciones.
Utiliza el flashmob cómo efecto viral de la multitud instantánea. No podrán con una red distribuida, eminentemente horizontal y democrática, donde la denuncia se extiende cual pólvora que intenta dar buena cuenta de sus execrables comportamientos. Aquí una prueba de ello: la denuncia de la mayor estafa producida en nuestro país, a golpe de bulerías. Bankia, tomando la expresión de los entendidos en flamenco, por derecho. Y que se llegue al fondo hasta encontrar la verdad desnuda que cualquier ciudadano o ciudadana decente se merece.
Tags: Ciudadanía, Comunicación, denuncia, flashmob, multitud instantánea
Comentando esta mañana en el blog de mi querida vecina @martuniki , a la sazón Marta Garrote, de pronto se me vino a la cabeza un leve aluvión de prosa con el que estoy construyendo éste sencillo y humilde post. Bien es verdad que yo tengo por norma pensar un rato, mensualmente; pero hoy nos saltaremos la obligación auto impuesta y el estricto protocolo. Se trata, por tanto, de acompañarla en su opinión y, de paso, generar más debate si cabe sobre esto de las redes sociales, nuevas tecnologías que ya no son tan nuevas, comunicación política y diversos mantras que se vienen repitiendo no sin cierta cacofonía en los significados.
Partiendo de que internet es, esencialmente: red distribuida, fresca democracia, libre horizontalidad y comunicación bidireccional; la cuestión aquí es si aceptamos de fondo tamaño reto y, de ser así, ponernos a trabajar en ello con todas sus consecuencias. Si nos ponemos a ello de una vez, antes de quedarnos cual Penélope de Serrat esperando el tren que ya no pasa, tendremos que ser conscientes de la coherencia y valor con las que aceptar el reto. Si, por el contrario, en tiempos de paro y desidia, se ponen más reventonas aún las colas del agasajo flojo y el medalleo, optando por seguir mareando la perdiz hasta límites poco aconsejables; estaremos ante una opción muy respetable pero, trayendo a colación a Ortega y Gasset, también con la obligación de recordar su memorable frase: “todo el mundo en arte tiene derecho a expresar lo que siente; siempre, claro, que se comprometa a sentir lo que debe”.
La comunicación política no es, desde luego, crear círculos endogámicos donde cada cual compita por el halago más pastoso; ni por endilgarnos fotos comiéndose churrascos o parecida geometría gastronómica que la glotonería nos traiga hasta la mesa; ni por repetir como mantra, sin variar un ápice, el mensaje de un hiperliderazgo caústico que ya nunca será tendencia. La comunicación política tampoco es la labor encasquetada a mercenarios a sueldo, ni equipos nombrados a dedo por los mercenarios en cuestión que, oteando el pedigrí, se quieran dejar agasajar por un grupúsculo de palmeros que lo que crearán será un irrespirable y poco democrático círculo vicioso.
La comunicación política si puede estar al frente de equipos humanos generacionales que se crean de corazón, y asuman por ello, un proyecto político. Y a partir de ahí, como activistas y agentes electorales de una ideología dispuesta a cambiar la sociedad para beneficio de toda la ciudadanía, impartir la honestidad del que baja a escuchar a la calle, se trae las iniciativas y aspiraciones de las personas, y acuerda un pacto de honor con ellas; esto es: te pido el voto, a la vez que yo me comprometo a corresponder tus ilusiones e iniciativas, incluyéndote también a tí en esta implicación transversal que hará ilusiones virales que todos y todas podamos compartir. Comunicación, pues, desde el aprendizaje sincero con los otros; desde la escucha activa, pero también desde la respuesta reactiva, como ya vengo repitiendo en algunas ocasiones.
Y los activistas, como tales, no pueden ser ese ejército de #panchovilla al que cada cuatro años se le llama apresuradamente para una campaña electoral, formando parte del mobiliario el resto del tiempo. Los activistas no pueden ser un algo étereo, cargaditos de argumentarios que solo adoctrinan las galerías del cerebro, ni un muestrario en diminutivo en el que en el fondo y en la forma, al final, nadie cree.
Somos y estamos; o así debería de ser, desde la máxima absoluta de la coherencia. Porque si solo somos; o solo estamos, ejercitamos una dicotomía perversa cuyos caminos son muy otros y lamentablemente, errados y distintos. Ser y estar, por tanto, desde el talante radical de asumir un socialismo cívico con el que poder guiarnos en éste conflictivo siglo; con humildad, pero con el coraje inagotable de convertir las ingentes teorías en prácticas, seguido y a su vez de soluciones más palpables. Desde los valores más éticos en los que creemos; desde el lenguaje moral y humano que sea capaz de inundar de amabilidad las palabras y los párrafos. Desde el gesto transparente, desde la lealtad a los sueños y utopías que siempre han de acompañarnos, desde el corazón mismo y las arterias, porque esta sociedad de ruido y prisas nos lo está pidiendo a gritos.
Vamos a ver si nos aclaramos ya de una vez por todas.

Tags: activismo, comunicación política, Redes
Hay actos que, por alguna u otra razón, resultan más emotivos que otros. Es el caso del celebrado ayer en Torrejón de Ardoz, con motivo de la Fiesta de la Rosa, donde se aprovechó también para rendirle un merecido homenaje a Trini Rollán, y al grupo de compañeros y compañeras que, como ella, fueron sometidos a un linchamiento personal y mediático, y que han terminado exculpados por el Tribunal Supremo.
Lo que ya no está muy claro es si el sector de la derechona, así como sus medios afines, sabrán pedir perdón por las actuaciones antes descritas, en cuyo poso mal intencionado siempre viaja la intención oscura del daño por el daño. Aunque un Tribunal te dé la razón en lo que Trini describió claramente como: “no hemos metido ni la pata, ni la mano”, existe un tiempo de persecución moral y personal, cuyos efectos perversos no son tan fáciles de contrarrestar.
Eché en falta la presencia de personas que debieron su ausencia a motivos más que sobrados, pero también es cierto de que, otras compañías inexistentes para sumar solidaridades, simplemente no acudieron por desidia, apatía del ánimo, o vaya usted a saber qué razones injustificables. Como también es cierto que hay una porción de fuego amigo que contribuyó a la cadena de desprestigios que durante un tiempo se perpetraron sobre Trini y su grupo de compañeros. Y el fuego amigo es la munición más dolorosa, precisamente por eso; por inesperado. Con lo cual no sé yo si ese sector tan simpático estará por la labor de expresar sus cívicas disculpas. Sería lo deseable.
Me quedo pues, con el acto emotivo, y con la sorpresa de que por primera vez en un discurso, se habla textualmente del #socialismoafectivo ,lo que nunca viene mal en éstos tiempos antipáticos que, por desgracia, entre unos y otros construimos. Y eso es lo que tenemos que seguir haciendo, llenar las propias palabras y los gestos de una carga moral y entrañable por donde fluya, ilusionado y libre, la defensa a ultranza de nuestros irrenunciables valores.

Tags: Fiesta de la Rosa, PSM
Querido tú, que vienes del nosotros; ese plural colectivo que tanto significado tiene en las tareas horizontales que en el futuro inminente hemos de afrontar.
Unas breves palabras para que leas en medio de tu soledad creativa, lejos del ruido de la actualidad más inminente, y de la nebulosa de los protocolos insalvables. Una lectura para la reflexión tranquila, entre la paz requerida de tus pocos momentos de asueto, prestándole la atención que se merecen, porque los párrafos vienen abrazados a la crítica amiga y constructiva.
Seguimos emocionados con las palabras que a lo largo de todo este tiempo has ido diciendo, con la valentía de crear un proyecto en el que muchos y muchas seguimos confiando; con el arrojo de decir verdades como puños, desde tu discurso monumental afincado en los valores. Seguimos apostando por tí como lo venimos haciendo desde el principio, dándolo todo sin pedir nada a cambio, admirando tu posición y promocionando tus pareceres. Seguimos aquí, mostrándote cariño, porque han sido muchos los momentos compartidos donde la ilusión se ha apoderado, con magia, de nosotros. Seguimos aquí, en toda la extensión de las palabras.
Pero las cosas parece que no empiezan a ser demasiado halagüeñas y, desde la lealtad más limpia y digna que conozco, te mando yo esta carta para que leas con urgencia. No puedes dejar flancos abiertos en las relaciones humanas que son las más primordiales, ni dejar de atender al equipo generacional que ha vivido y asumido de lleno tu proyecto. No puedes dejar que la realidad más desnuda no siga penetrando en las galerías de tu cerebro; de primera mano, sin el tamiz de interesadas intenciones que a veces hacen sesgos. No puedes, ni siquiera olvidar dar unas simples gracias, porque con esos pequeños detalles se van construyendo las edificaciones de proyectos más grandes.
Tenemos que dejar de ser ya el desorden monumental de un ejército de Pancho Villa, afrontar con coraje una formación muy necesaria y crear un equipo de comunicación 2.0 cuya tarea en la red sea por fin reconocida. Actuar con coherencia desde los más diversos ámbitos, seguir apostando por la democrática red distribuida donde, cada agente electoral bien motivado, sea capaz de crear y sumar nuevas y necesarias ilusiones. Memorizar el hashtag #estoesasi porque día a día nos va relatando la realidad desnuda y más palpable; y seguir actuando con arrojo, porque el futuro que no quiere ánimos burgueses, nos lo está pidiendo a gritos.
A muchos les sigues teniendo ahí, aunque un poco desanimados por la estela de tu olvido. Recupéralos, porque no es tarde, y te siguen admirando con locura; de qué sino tantas horas de dedicación que, al menos yo bien conozco y a diario me transmiten. Y no es que lo diga yo, desde mi ámbito periférico y modesto, sino que lo dicen muchos informes: Identifica a los power user, involúcralos de manera imaginativa y recompénsalos como se merecen.
Recuperemos el alma perdida de esta ciudad que la derecha más dañina nos ha sustraído. Y hagámoslo juntos; codo con codo desde el #socialismoafectivo en su más hondo significado. Con camaradería, honestamente, poniendo puentes morales entre las palabras y los actos.
Gracias por tu amable atención a este aviso que, como sabes, nunca se perpetra desde las barricadas silenciosas que suelen preparar los más traidores. Aquí nos tienes; a corazón abierto, porque sencillamente va adherido al propio ADN de nuestros irrenunciables valores. ¡No nos falles!.

Tags: Comunicación, Política, redes sociales
Lo cierto es que, en los tiempos que corren, mantener las galerías del cerebro muy bien amuebladas, a la vez que practicar la humildad con el fin de que el otro no nos tenga que pedir perdón por la sabiduría adquirida en el manantial de la vida, es menos común de lo que pudiera parecer. A veces lo que sucede es todo lo contrario; y la casta de los guruses del conocimiento, o pequeño grupo de elegidos por la excelencia del entramado neuronal, lo que te endilgan es un hontanar de conocimientos muy despóticos, en alardeo casi obsceno, a tal punto que te puedes ir a casa con todo el peso de la humillación sobre los hombros.
De ahí que esta tarde me ponga a redactar estas humildes líneas para hacer mención a una persona que; a parte de ser un auténtico crack en muchas materias, sigue practicando esa humildad cívica y considerable para beneficio de todos aquellos que, para nuestra mayor desgracia, no tenemos -ni de lejos- sus conocimientos; pero él mismo, desde su honesta actuación, hace que nos olvidemos de ello. Es como un enseñar amable, sin herir para nada los orgullos.
Recuerdo una tarde en la que explicaba al público allí presente el fiasco de Lehman Brothers, más el comportamiento obsceno de muchos chacales financieros, invadidos por el ansia viva del egoismo, el cual es un comportamiento para nada equitativo. Y lo hizo inflando y desinflando un globo, quitándose la americana protocolaria y sentándose junto al suelo del escenario. La gente asistía allí a una verdadera lección de economía para legos, con una explicación triturada para su absoluta comprensión, consiguiendo una entregada atención por parte del público, pero sin herir las susceptibilidades de la mayoría de ciudadanos y ciudadanas que no eran expertos en la materia.
Les hablo de Don Antonio Miguel: Carmona para los amigos, que según me cuentan los inmensos trabajadores de la militancia socialista, Javier Corpa y Leti, estará el próximo lunes 21 de mayo, a las 19:30 horas, en la propia caseta de fiestas del Partido Socialista Obrero Español de San Fernando de Henares.
Tiene Carmona, por lo tanto, ese don de hacer pedagogía cívica sin renunciar al humor y al trato cercano en la distancia corta, lo cual le engrandece como persona; aunque al ser tan mediático, también les digo que es harto complicado decírselo en persona, pues uno no encuentra el momento en que se evapore el amable público que de continuo viene a saludarle y a darle la enhorabuena por algún motivo. Yo suelo decirlo en casa y no me creen: “¿veis a ese hombre que aparece ahora en pantalla, debatiendo en Al Rojo Vivo? pues es director de Diario Progresista, diputado en la Asamblea de Madrid, profesor universitario, tertuliano, columnista y un cachondo que, en mitad de un corrillo, se te puede poner a cantar una ranchera”. Y mi entorno familiar, como digo, me sigue mirando; sí con cierto respeto, pero como a un loco extraño que en el fondo no creen.
Lo dicho, si quieren disfrutar de sus necesarias enseñanzas, lo tendrán a su disposición el próximo lunes a las 19:30 horas, accesible y cercano. ¿Se lo van a perder?

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Como saben todos ustedes, en estos días pasados saltó a los medios una noticia que ha causado cierto revuelo. La información, que yo mismo pude leer en Europa Press, venía a decir, en palabras de Jáuregui “que el PSOE preparaba una renovación ideológica importante”, encargada a 300 expertos ajenos al PSOE.
Sin que nadie me haya mandado aún, aunque lo he pedido hasta la saciedad a través de las redes sociales, un ensayo en toda regla explicando qué es la ideologìa, la noticia en sí no por ello dejó de impactarme. Pero no solo a mí, sino que inmediatamente después comenzó a funcionar en Twitter el hashtag #300expertos donde muchos activistas se pusieron a debatir o citar sobre el asunto e, incluso, como es el caso de Martu Garrote y Perico Pan, así lo expresaron respectivamente en sus blogs.
Sabido es que hay una renovación ideológica perversa de personas que, al igual que cuando Serrat habla de tiempos para equilibristas, un número indeterminado de gente sigue al pie dicho eslogan, y cada mañana suelen defender lo contrario del día anterior, imbuidos de ese actuar en astuto, con el ritmo continuamente cambiante; dijéramos, en modo descomunal y veleta. Pero supongo que la reunión en cifra redonda de los expertos de la cosa, será para otros menesteres. Y es, bajo mi modesto punto de vista de militante acérrimo y de periferia, lo que no acabo muy bien de entender.
¿Acaso los militantes del PSOE, bajo la supuesta democracia transversal de distintos matices y pareceres, no defendemos desde la fundación del partido los mismos valores de libertad como no dominación y trabajar para hacer más justa e igualitaria la sociedad en la que estamos inmersos? De lo que aquí se trata, por tanto -si es que alguna vez lo entendemos- es de cambiar las herramientas al uso y los talantes, para seguir defendiendo la irrenunciabilidad de esos grandísimos valores, buscando nuevos cauces de proceder y, de comunicación, para que la tarea en común tenga su capacidad ilusionante, de tal forma que muchas más personas se vean involucradas e incluidas en dicho proyecto.
Y los proyectos han de dirigirse al corazón de las personas, pensando siempre en la realidad dolida que a muchos y muchas les embarga en estos precisos momentos. Proyectos asumidos y defendidos por un equipo compacto y generacional, cuya esencia de honestidad sepa cambiar la cacofonía de la retórica, por un cúmulo de sueños llevados a la práctica. Un proyecto, en definitiva, que salga de los atriles, desde donde muchas veces se exhibe sin rubor una distancia infinita, hasta bajar con humildad al pulso vivo y real que continuamente nos transmiten los barrios y la calle.
Llevemos las tertulias más VIPs, de las distintas Fundaciones, hasta los barrios periféricos que jamás tienen acceso a ellas. Descentralicemos el fruto accesible del conocimiento, haciéndolo más transversal, democrático y participativo. Dejemos de masajearnos con la pérfida y cerrada endogamia, abriendo las ventanas para que un aire renovado y constructivo nos impulse con nuevos bríos en la tarea apasionante de acometer el siglo. Trabajemos la democracia interna, más allá de los ingentes y muchas veces no leídos, infinitos papeles; con coherencia: porque si decimos socialismo, hacemos socialismo.
Creamos de una vez por todas en las redes sociales, en su capacidad de comunicación y herramienta democrática con la que llevar nuestras ideas hasta los últimos confines; de manera transversal, distribuida e incluyente. Hagamos de cada militante un activista y agente electoral ilusionado; involucrado en un proyecto que desde el primer momento defiende y asume. Pero para semejante resultado es imprescindible contar con ellos, sin dejarlos cada vez que pasa una campaña electoral, como meros estandartes de un mobiliario que no volverá a utilizarse hasta dentro de cuatro años. Mimemos su capital humano, sus horas anónimas de dedicación, su capacidad para transmitir lo que todos y todas defendemos, desde la óptica del punto de vista que, por libre y constructivo, sigue teniendo la capacidad de generar debate. Bajemos a la arena de la realidad con la humildad de ejercer la capacidad inagotable del aprendizaje, admitiendo la constante humana del falibilismo y emprendiendo con ello un marco no exento de crítica constructiva que sea el ágora permanente de una ciudadanía cada vez más cívica y comprometida. Los tenemos dentro de casa, dispuestos a trabajar para aminorar los vaivenes de este mundo incierto; si prescindimos de ellos, será imposible la supervivencia de cualquier liderazgo.

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A veces el transcurso de la noche, con sus silencios densos, te traen bruscas noticias que te dejan helada el alma. Son esos minutos en los que un hontanar de realidad se va agolpando a borbotones entre la propia biografía que te asiste. Presente inmediato que, por mera supervivencia, te parece un sueño; pero no, y te vuelves a acordar de la frase contundente de Fernando Savater: “en la vida, poco a poco, nos vamos haciendo peritos en pérdidas”.
Se nos marcha, en lentitud sosegada, el compañero Agustín Guisado. Y vuelves a pensar, sin remedio, en el absurdo trajín en el que a veces convertimos la vida. Esos instantes que jamás sabes si van a ser los últimos, alienados como estamos en la dictadura de las prisas, dejando siempre atrás lo irrepetible, sin saber muy bien lo que está por venir.
Hace unos años, compartiendo humo de tabaco, conversación y risas, coincidí con él en unas jornadas de activismo en Huesca. Otra vez, en la Manga del Mar Menor, donde tenía su segunda residencia y gustaba de buscar la tranquilidad bien merecida. Y otras muchas, en la Agrupación Socialista de Coslada, donde hemos sido militantes y compañeros. Era un hombre de carácter, con genio, pero con una de las personas que yo solía hablar sin ningún problema, disfrutando de la conversación amistosa llevada a sus múltiples temas.
“En el placer nos gastamos y en el dolor nos hacemos” también decía Ortega y Gasset. No sé que habrá de cierto en ello, pero también es verdad que la propia rutina de las cosas; el tiempo que inconscientemente parece que nos sobra, a veces se nos planta terco y nos dice que se acabó. Y es ahí donde el sentir ya inventa ilusiones entrelazadas con los sueños; prórrogas de recuerdos que la memoria nos viene trayendo a colación y un espíritu más humano que abre todos los poros de la piel para que entren por ellos todas las emociones y sentires. Nos humanizamos muchos más ante la realidad radical que se nos hace presente.
Mi gesto, Agustín, es un gesto sencillo y nada importante. Una manera imposible de vibrar en mi memoria y regresarte. Por eso lo voy acompañar en estos momentos de un himno sagrado de respeto y silencio que vayan de mi corazón al aíre. Descansa en paz.
¡Hasta siempre, compañero!

Dentro de no muchas horas, como ya lo han hecho en otros lugares, celebraremos en la Agrupación Socialista de Coslada una Asamblea para aprobar el nombramiento de un nuev@ Secretari@ General y, por ende, la nueva Comisión Ejecutiva Local, encargada de dar cuerpo y forma a las futuras propuestas políticas que han de ser el mejor atractivo para ofrecerle a los ciudadanos.
En esta ocasión, un grupo liderado por la compañera Teresa González Ausin, diputada socialista en la Asamblea de Madrid, se postulará como lista alternativa a la presentada oficialmente por el actual Secretario General y ex Alcalde de Coslada.
Un equipo, compuesto por compañeros y compañeras que, desde sus sueños incansables y su ideología más coherente y honesta, están dispuestos a dar lo mejor de sí para trabajar conjuntamente en dotar al futuro que está por venir, de un nuevo tiempo y maneras de hacer las cosas. Un equipo, a cuyos integrantes, no puedo por menos que expresarles siempre la amabilidad y atención dispensada, así como la deferencia en trasladarles mi gratitud por contar con mis modestas ideas y colaboraciones.
Por un nuevo tiempo en el PSOE de Coslada reza el encabezamiento con el que, el equipo que acompaña a Teresa, se hace oficial y se presenta a la Candidatura. Un nuevo tiempo que ha de pasar por practicar menos políticas aldeanas y endogámicas, haciendo valer los postulados de equipos humanos y democráticos, donde la voz de cada persona cuente y se sienta representada. Un nuevo tiempo de apuesta por una cercanía hacia los ciudadanos, emprendida desde la absoluta honestidad y transparencia, dando cuenta en todo momento de los valores en los que creemos y que representamos. Un nuevo tiempo que ponga en valor la lucha por la libertad, como no dominación, así como la recuperación por el pulso de la calle y el trabajo conjunto en el tejido asociativo. Un nuevo tiempo para utilizar las redes sociales como escaparate de nuestras propuestas y actividades, así como un buzón abierto a la crítica constructiva, las quejas y las demandas más apremiables de las personas. Las sedes, pues, han de estar permanentemente en las calles y en las redes, trasladando el espíritu de éstas últimas; esto es: colaboración distribuida, horizontalidad y, por supuesto, viralidad en los mensajes, interactuando y apostando por una comunicación participativa y transversal.
Los cambios, no obstante, son complejos; pero no por ello uno ha de renunciar a ellos. Muy al contrario: retan al coraje para llevarlos a cabo y le mantienen a uno en esa obstinación siempre constructiva para que dé sus frutos. Y han de llevarse adelante desde dos premisas fundamentales: desde el respeto absoluto al que no piensa y siente como nosotros, y desde el lenguaje amable que dibuje y descubra, muy claramente, la calidad moral del que habla. Cambios desde la responsabilidad, hablando con el corazón, para poder liderar éste mundo incierto en el que estamos inmersos e irremediablemente nos ha tocado vivir.
No es tiempo de la astucia en gris para el cálculo falsario; ni del intercambio de personas, cosificadas como si fueran cromos, para llevar a cabo un proyecto en el que, sin tener en cuenta unas mínimas dosis de falibilismo, nos empeñemos en dibujar una realidad cerrada a la medida de nuestras subjetivas percepciones. No es tiempo de las medias verdades, ni del uso del lenguaje con palabras banales que no nos nutran de significados; ni de actitudes prepotentes que nos lanzan sus enseñanzas constantes, sin ni siquiera atisbar una acción humilde propensa al aprendizaje. Debemos transmitir la intención de aprender de las personas para, de esta manera, al menos dejar una pedagogía cívica pergeñada en el estado de ánimo de la gente: con humildad, sin rastro de calculado equilibrismo. No es tiempo de la integración hoy puesta tan de moda, porque se integrará lo que previamente hemos marginado, haciendo reversible la conducta. Más bien es un confluir de un proyecto común que tenga la innata capacidad de volver a ilusionar; desde la honestidad y la absoluta transparencia, para restar la desafección y el desapego, y devolverle a la política, ya escrita con mayúsculas, toda la significación y dignidad perdidas.

Tags: Agrupación, Ciudadanía, Coslada, militancia, participación, Política, PSOE
No sé si después de aquella pira laboral que se llevó a un montón de personas por delante, los supervivientes de la cosa piensan alguna vez en los daños colaterales de esas particularidades ya invisibles. Lo mismo lo hace durante sus paseos repentinos, para ejercer la micción matutina que a veces les hace salir de sus despachos, observando el espacio silencioso que en otro tiempo estaba complementando por conversaciones y personas; o tal vez, imbuidos de esas ganas de pergueñar alternativas en la rotunda realidad que acaece, se les ocurrirá alguna vez alguna determinación menos radical y, acaso, mucho más progresista.
Los veo inmiscuidos en sus asuntos, a veces tan fríos como un témpano, con esa sonrisa protocolaria y floja que ofrece un disimulado desdén a todo aquél que no sea de los suyos. Se van convirtiendo en castas de teóricos, herméticos al exterior y cerradísimos, alimentando el ego de los que en su fuero interno se creen elegidos para implementar una ideología teórica que huyó, obscenamente, de la humanidad y los afectos. Palmeándose las espaldas; brincando con la mirada de un corrillo a otro, para atisbar el grado de poder implícito de los que van propagando fama y conversaciones. Reunidos en ágapes ajenos a la crisis, programados a la inhóspita hora del ángelus; justo cuando muchos ciudadanos anónimos están doblando sus riñones, mencionando que los políticos se han alejado de esa estirpe de trabajadores manuales que, curiosamente, tampoco están allí para escucharlo.
Van y vienen por el regodeo diario de su ego mimado y sus proyectos, ajenos a otras realidades en las que no se inmiscuyen porque les son molestas, sin mover un solo dedo por una solidaridad que no sea la que se ice, protocolaria, en algo más alto que su propio escalafón. Endogámicos ellos, pasando sin despeinarse por los cadáveres de otros. Y resisten, porque en el fondo, les vienen al pairo.

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