Comentando esta mañana en el blog de mi querida vecina @martuniki , a la sazón Marta Garrote, de pronto se me vino a la cabeza un leve aluvión de prosa con el que estoy construyendo éste sencillo y humilde post. Bien es verdad que yo tengo por norma pensar un rato, mensualmente; pero hoy nos saltaremos la obligación auto impuesta y el estricto protocolo. Se trata, por tanto, de acompañarla en su opinión y, de paso, generar más debate si cabe sobre esto de las redes sociales, nuevas tecnologías que ya no son tan nuevas, comunicación política y diversos mantras que se vienen repitiendo no sin cierta cacofonía en los significados.
Partiendo de que internet es, esencialmente: red distribuida, fresca democracia, libre horizontalidad y comunicación bidireccional; la cuestión aquí es si aceptamos de fondo tamaño reto y, de ser así, ponernos a trabajar en ello con todas sus consecuencias. Si nos ponemos a ello de una vez, antes de quedarnos cual Penélope de Serrat esperando el tren que ya no pasa, tendremos que ser conscientes de la coherencia y valor con las que aceptar el reto. Si, por el contrario, en tiempos de paro y desidia, se ponen más reventonas aún las colas del agasajo flojo y el medalleo, optando por seguir mareando la perdiz hasta límites poco aconsejables; estaremos ante una opción muy respetable pero, trayendo a colación a Ortega y Gasset, también con la obligación de recordar su memorable frase: “todo el mundo en arte tiene derecho a expresar lo que siente; siempre, claro, que se comprometa a sentir lo que debe”.
La comunicación política no es, desde luego, crear círculos endogámicos donde cada cual compita por el halago más pastoso; ni por endilgarnos fotos comiéndose churrascos o parecida geometría gastronómica que la glotonería nos traiga hasta la mesa; ni por repetir como mantra, sin variar un ápice, el mensaje de un hiperliderazgo caústico que ya nunca será tendencia. La comunicación política tampoco es la labor encasquetada a mercenarios a sueldo, ni equipos nombrados a dedo por los mercenarios en cuestión que, oteando el pedigrí, se quieran dejar agasajar por un grupúsculo de palmeros que lo que crearán será un irrespirable y poco democrático círculo vicioso.
La comunicación política si puede estar al frente de equipos humanos generacionales que se crean de corazón, y asuman por ello, un proyecto político. Y a partir de ahí, como activistas y agentes electorales de una ideología dispuesta a cambiar la sociedad para beneficio de toda la ciudadanía, impartir la honestidad del que baja a escuchar a la calle, se trae las iniciativas y aspiraciones de las personas, y acuerda un pacto de honor con ellas; esto es: te pido el voto, a la vez que yo me comprometo a corresponder tus ilusiones e iniciativas, incluyéndote también a tí en esta implicación transversal que hará ilusiones virales que todos y todas podamos compartir. Comunicación, pues, desde el aprendizaje sincero con los otros; desde la escucha activa, pero también desde la respuesta reactiva, como ya vengo repitiendo en algunas ocasiones.
Y los activistas, como tales, no pueden ser ese ejército de #panchovilla al que cada cuatro años se le llama apresuradamente para una campaña electoral, formando parte del mobiliario el resto del tiempo. Los activistas no pueden ser un algo étereo, cargaditos de argumentarios que solo adoctrinan las galerías del cerebro, ni un muestrario en diminutivo en el que en el fondo y en la forma, al final, nadie cree.
Somos y estamos; o así debería de ser, desde la máxima absoluta de la coherencia. Porque si solo somos; o solo estamos, ejercitamos una dicotomía perversa cuyos caminos son muy otros y lamentablemente, errados y distintos. Ser y estar, por tanto, desde el talante radical de asumir un socialismo cívico con el que poder guiarnos en éste conflictivo siglo; con humildad, pero con el coraje inagotable de convertir las ingentes teorías en prácticas, seguido y a su vez de soluciones más palpables. Desde los valores más éticos en los que creemos; desde el lenguaje moral y humano que sea capaz de inundar de amabilidad las palabras y los párrafos. Desde el gesto transparente, desde la lealtad a los sueños y utopías que siempre han de acompañarnos, desde el corazón mismo y las arterias, porque esta sociedad de ruido y prisas nos lo está pidiendo a gritos.
Vamos a ver si nos aclaramos ya de una vez por todas.

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Tags: activismo, comunicación política, Redes










5 junio, 2012 a las 14:01
Pues tiene ud toda la razón. ¿Querrán ponerse a ello o seguirán temiendo al éxito a través de la inteligencia, el valor y el compromiso?
5 junio, 2012 a las 17:37
¡Somos los que somos y estamos los que estamos!