A las orillas del río reventón de ruido, por donde fluyen las aguas de la futura Ley de Economía Sostenible, los ha habido que han revuelto el caudal para, seguidamente, trincar las posibles e interesadas ganancias de la pesca; por aquello de seguir al pie de la letra el refrán tan conocido. Otros, viendo el revuelo montado ante un incipiente anteproyecto de ley y, sin esperar su recorrido, imaginaron un caladero de votos donde echar la caña, con lo cual optaron por azuzar la bronca, llamar a algunos afines para disparar desde distintos flancos y, de esta manera, esperar tranquilamente el fruto crispado de la gresca. Incluso otros, conocidos como reporteros de la noche ibicenca, o tocados con un pedigrí que les impide contemplar la realidad a ras de suelo, se permitieron el lujo de erigirse en portavoces solidarios de ciudadanos y ciudadanas aunque, en su fuero interno, les viniera al pairo tanta acumulación de gente sencilla que, a lo peor, sólo iban a ser una molestia innecesaria para su ánimo burgués, sesteando a buen recaudo. El caso es que, entre unos y otros buscaron la inmediatez de la opinión publicada, arrimando el ascua a su sardina, dejando el patio empantanado y con una insufrible e intencionada cortina de humo.
De ahí que, el que suscribe, también haga uso de un manifiesto, porque no otra cosa se hace cuando se expresan las ideas, sino manifestarlas.
Manifiesto que el Gobierno de España, en contra de los insultos antidemocráticos y el aluvión de inquina vertida para su desgaste, tachándolo de inquisidor, entre otras lindezas; el Gobierno, como digo, trabaja en un anteproyecto de ley al que aún le queda un amplio recorrido -se remite a los órganos consultivos, vuelve al Consejo de Ministros y se lleva al Parlamento para su debate- por lo que no se entiende muy bien la impaciente polvareda creada en referencia a las descargas en internet.
Manifiesto que, según las declaraciones del Ministro de Justicia, el anteproyecto contempla, con respecto a las descargas, las exigencias que todos venimos reiterando, que es la necesidad de la autoridad judicial para este tipo de actuaciones. Aquí no se pretende criminalizar a los usuarios, ni a los blogs personales, etc. De lo que se trata es de terminar con las difusiones masivas con ánimo de lucro en internet de obras protegidas con la actual ley de propiedad intelectual, teniendo en cuenta la proporcionalidad y las evidencias de ánimo de lucro, así como una expresa autorización judicial para cualquier acto administrativo.
Manifiesto también que, desde el año 2004, ha sido un gobierno socialista el encargado de lograr el despegue español en Ciencia y Tecnología. Manifiesto que, aunque cualquier actitud y actividad es manifiestamente mejorable, sin embargo hay una apuesta decidida por avanzar en la Sociedad de la Información, de tal forma que los derechos de los creadores sean perfectamente compatibles con los derechos de los consumidores y usuarios.
La banda ancha de 1 mega formará parte del servicio universal a partir de 2011
Manifiesto, en definitiva, que el trabajo serio y la honradez deben de prevalecer por encima de grotescos y muchas veces oscuros intereses particulares, partidistas y espurios.
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Tags: Economía Sostenible, internet, Sociedad de la Información, usuarios






































































9 Enero, 2010 a las 13:37
Yo manifiesto que el intento de ser justo con los creadores tendrá un evidente coste electoral con los usuarios. Y que la ministra piensa más como miembro de una industria, que lo es, que como miembro del proyecto socialista, que no lo es. Y lo pagaremos.
Por supuesto, es justo evitar que un listo se lucre con el trabajo de los demás, pero puestos a estar decidido a ir contra los listos, bien podríamos actuar contra la banca, la patronal, los grandes propietarios de suelo o los que no facturan para evitar el pago del IVA.
Perderemos el Gobierno, por esta y muchas otras cosas insustanciales, y la derecha entrará en un país donde se habrán conquistado varios buenos derechos individuales o sociales, de lo cual me alegro, y ninguno económico, lo cual es espantoso, por ser muy poco socialista. Claro que es progresista, pero es que hasta los del PP, salvo los ultras, son cada día más progresistas. Para eso vamos a quedar: para modernizarlos en lo social (divorcio, aborto, laicismo, mujeres, homosexuales), mientras ellos siguen mandando en los billetes…
Qué daño nos están haciendo los lobbies internos.
Ah, feliz año, compañero.
12 Enero, 2010 a las 21:33
Al final hemos podido conocer los contenidos de la una ley largamente anunciada por el presidente del Gobierno y que debe constituir la pieza fundamental de esta legislatura. Al menos debería serlo por el énfasis gubernamental y la ambición anunciada de sus fines genéricos, nada más y nada menos que cambiar el modelo productivo.
Hay que decir de buen principio: el texto presentado es metodológicamente pobre y de un contenido muy insuficiente. La ambición del título puede haber jugado una mala pasada pero hay que ser, cuando se gobierna, mucho más consistente entre el enunciado de las intenciones y los contenidos reales. Seguramente esta ley debería haber venido precedida de un estudio importante en forma de libro blanco, de un plan o de cualquier otra formalización que se hubiera decidido adoptar, para enmarcar con racionalidad las propuestas, cuantificar los costes de las medidas y de los resultados, así como de la previsión de objetivos a alcanzar a lo largo del tiempo. Nada de eso existe. No se sabe como afectará al PIB, ni como se financiarán las medidas, y cuál será, por consiguiente, la afectación sobre el déficit público.
Hay que decir que es dudoso -para ser más sinceros, pensamos que imposible- presentar una ley de este tipo que no vaya precedida o acompañada de un enérgico plan fiscal. En realidad, estamos ante un cajón de sastre donde se combinan iniciativas ya conocidas o anunciadas con unas pocas de nuevas, sin financiación establecida. En algunos casos, como en el tratamiento que se realiza para el sector financiero, es escandalosamente insuficiente y de cara a la galería. No es que no tenga interés conocer las retribuciones de sus directivos, pero todavía es más definitivo conseguir una transparencia real en este sector y aplicar mecanismos que garanticen la equidad en los resultados. Es decir, evitar que cuando las cosas van bien los beneficios sean sólo para unos pocos y cuando van mal tengamos que contribuir entre todos.
Una ley que pretende modificar el sistema productivo debía enfrentarse a los dos pilares que lo caracterizan. Uno es cómo evitar la destrucción de puestos de trabajo, y sobre todo, generar nueva ocupación; y dos, la exigencia anterior debe ser compatible con una mejora sustancial de nuestra pobre productividad, que solo consigue buenos resultados estadísticos a base de echar a la calle a los trabajadores. Un mecanismo desastroso.
Pero el anteproyecto no explica cómo y cuánta nueva ocupación piensa generar. Sobre este punto es la nada más pletórica.
De la mano de la productividad debían introducirse las exigencias de carácter ambiental en términos mucho más globales y racionales que el mantra de las energías alternativas, cuyo coste en algunos casos es injustificable; y su falta de flexibilidad para adaptarse a la demanda crea nuevos problemas que no están resueltos.
Estas exigencias deberían ser del tipo de la necesaria disminución del coste de la energía por unidad producida; en definitiva una mejora de la eficiencia energética, y también la reducción de los residuos y la contaminación por unidad de PIB. Nos queda mucho trecho para recorrer en la senda del “factor 4”, aquella que señala la tendencia a producir el doble utilizando la mitad de inpouts como desiderátum, y que exige una mayor capacidad de reutilización y la formación de economías de escala y de urbanización. Nada de esto existe, ni tan siquiera ha sido apuntado.
No se trata ahora de elaborar un análisis técnico de la ley, pero sí eran necesarias algunas de las anteriores precisiones para constatar que nos hallamos una vez más ante un producto que no va a resolver nada. Resulta increíble la frivolidad, la trivialidad y la inconsistencia de este presidente del gobierno y del equipo que le rodea.
14 Enero, 2010 a las 12:49
Aquí lo que quieren algunos es, todo gratis, menos lo mío. En cuanto al Cosladeño de marras, no he visto ninguna propuesta consistente y creativa en toda su exposición; tal vez porque no le venía en el manual pepero que parece leer. Es lo que tiene…