Escrito por Diego Cruz el 21 de Abril, 2012

A veces el transcurso de la noche, con sus silencios densos, te traen bruscas noticias que te dejan helada el alma. Son esos minutos en los que un hontanar de realidad se va agolpando a borbotones entre la propia biografía que te asiste. Presente inmediato que, por mera supervivencia, te parece un sueño; pero no, y te vuelves a acordar de la frase contundente de Fernando Savater: “en la vida, poco a poco, nos vamos haciendo peritos en pérdidas”.

Se nos marcha, en lentitud sosegada, el compañero Agustín Guisado. Y vuelves a pensar, sin remedio, en el absurdo trajín en el que a veces convertimos la vida. Esos instantes que jamás sabes si van a ser los últimos, alienados como estamos en la dictadura de las prisas, dejando siempre atrás lo irrepetible, sin saber muy bien lo que está por venir.

Hace unos años, compartiendo humo de tabaco, conversación y risas, coincidí con él en unas jornadas de activismo en Huesca. Otra vez, en la Manga del Mar Menor, donde tenía su segunda residencia y gustaba de buscar la tranquilidad bien merecida. Y otras muchas, en la Agrupación Socialista de Coslada, donde hemos sido militantes y compañeros. Era un hombre de carácter, con genio, pero con una de las personas que yo solía hablar sin ningún problema, disfrutando de la conversación amistosa llevada a sus múltiples temas.

En el placer nos gastamos y en el dolor nos hacemos” también decía Ortega y Gasset. No sé que habrá de cierto en ello, pero también es verdad que la propia rutina de las cosas; el tiempo que inconscientemente parece que nos sobra, a veces se nos planta terco y nos dice que se acabó. Y es ahí donde el sentir ya inventa ilusiones entrelazadas con los sueños; prórrogas de recuerdos que la memoria nos viene trayendo a colación y un espíritu más humano que abre todos los poros de la piel para que entren por ellos todas las emociones y sentires. Nos humanizamos muchos más ante la realidad radical que se nos hace presente.

Mi gesto, Agustín, es un gesto sencillo y nada importante. Una manera imposible de vibrar en mi memoria y regresarte. Por eso lo voy acompañar en estos momentos de un himno sagrado de respeto y silencio que vayan de mi corazón al aíre. Descansa en paz.

¡Hasta siempre, compañero!

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Escrito por Diego Cruz el 17 de Abril, 2012

Dentro de no muchas horas, como ya lo han hecho en otros lugares, celebraremos en la Agrupación Socialista de Coslada una Asamblea para aprobar el nombramiento de un nuev@ Secretari@ General y, por ende, la nueva Comisión Ejecutiva Local, encargada de dar cuerpo y forma a las futuras propuestas políticas que han de ser el mejor atractivo para ofrecerle a los ciudadanos.

En esta ocasión, un grupo liderado por la compañera Teresa González Ausin, diputada socialista en la Asamblea de Madrid, se postulará como lista alternativa a la presentada oficialmente por el actual Secretario General y ex Alcalde de Coslada.

Un equipo, compuesto por compañeros y compañeras que, desde sus sueños incansables y su ideología más coherente y honesta, están dispuestos a dar lo mejor de sí para trabajar conjuntamente en dotar al futuro que está por venir, de un nuevo tiempo y maneras de hacer las cosas. Un equipo, a cuyos integrantes, no puedo por menos que expresarles siempre la amabilidad y atención dispensada, así como la deferencia en trasladarles mi gratitud por contar con mis modestas ideas y colaboraciones.

Por un nuevo tiempo en el PSOE de Coslada reza el encabezamiento con el que, el equipo que acompaña a Teresa, se hace oficial y se presenta a la Candidatura. Un nuevo tiempo que ha de pasar por practicar menos políticas aldeanas y endogámicas, haciendo valer los postulados de equipos humanos y democráticos, donde la voz de cada persona cuente y se sienta representada. Un nuevo tiempo de apuesta por una cercanía hacia los ciudadanos, emprendida desde la absoluta honestidad y transparencia, dando cuenta en todo momento de los valores en los que creemos y que representamos. Un nuevo tiempo que ponga en valor la lucha por la libertad, como no dominación, así como la recuperación por el pulso de la calle y el trabajo conjunto en el tejido asociativo. Un nuevo tiempo para utilizar las redes sociales como escaparate de nuestras propuestas y actividades, así como un buzón abierto a la crítica constructiva, las quejas y las demandas más apremiables de las personas. Las sedes, pues, han de estar permanentemente en las calles y en las redes, trasladando el espíritu de éstas últimas; esto es: colaboración distribuida, horizontalidad y, por supuesto, viralidad en los mensajes, interactuando y apostando por una comunicación participativa y transversal.

Los cambios, no obstante, son complejos; pero no por ello uno ha de renunciar a ellos. Muy al contrario: retan al coraje para llevarlos a cabo y le mantienen a uno en esa obstinación siempre constructiva para que dé sus frutos. Y han de llevarse adelante desde dos premisas fundamentales: desde el respeto absoluto al que no piensa y siente como nosotros, y desde el lenguaje amable que dibuje y descubra, muy claramente, la calidad moral del que habla. Cambios desde la responsabilidad, hablando con el corazón, para poder liderar éste mundo incierto en el que estamos inmersos e irremediablemente nos ha tocado vivir.

No es tiempo de la astucia en gris para el cálculo falsario; ni del intercambio de personas, cosificadas como si fueran cromos, para llevar a cabo un proyecto en el que, sin tener en cuenta unas mínimas dosis de falibilismo, nos empeñemos en dibujar una realidad cerrada a la medida de nuestras subjetivas percepciones. No es tiempo de las medias verdades, ni del uso del lenguaje con palabras banales que no nos nutran de significados; ni de actitudes prepotentes que nos lanzan sus enseñanzas constantes, sin ni siquiera atisbar una acción humilde propensa al aprendizaje. Debemos transmitir la intención de aprender de las personas para, de esta manera, al menos dejar una pedagogía cívica pergeñada en el estado de ánimo de la gente: con humildad, sin rastro de calculado equilibrismo. No es tiempo de la integración hoy puesta tan de moda, porque se integrará lo que previamente hemos marginado, haciendo reversible la conducta. Más bien es un confluir de un proyecto común que tenga la innata capacidad de volver a ilusionar; desde la honestidad y la absoluta transparencia, para restar la desafección y el desapego, y devolverle a la política, ya escrita con mayúsculas, toda la significación y dignidad perdidas.

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Escrito por Diego Cruz el 16 de Abril, 2012

No sé si después de aquella pira laboral que se llevó a un montón de personas por delante, los supervivientes de la cosa piensan alguna vez en los daños colaterales de esas particularidades ya invisibles. Lo mismo lo hace durante sus paseos repentinos, para ejercer la micción matutina que a veces les hace salir de sus despachos, observando el espacio silencioso que en otro tiempo estaba complementando por conversaciones y personas; o tal vez, imbuidos de esas ganas de pergueñar alternativas en la rotunda realidad que acaece, se les ocurrirá alguna vez alguna determinación menos radical y, acaso, mucho más progresista.

Los veo inmiscuidos en sus asuntos, a veces tan fríos como un témpano, con esa sonrisa protocolaria y floja que ofrece un disimulado desdén a todo aquél que no sea de los suyos. Se van convirtiendo en castas de teóricos, herméticos al exterior y cerradísimos, alimentando el ego de los que en su fuero interno se creen elegidos para implementar una ideología teórica que huyó, obscenamente, de la humanidad y los afectos. Palmeándose las espaldas; brincando con la mirada de un corrillo a otro, para atisbar el grado de poder implícito de los que van propagando fama y conversaciones. Reunidos en ágapes ajenos a la crisis, programados a la inhóspita hora del ángelus; justo cuando muchos ciudadanos anónimos están doblando sus riñones, mencionando que los políticos se han alejado de esa estirpe de trabajadores manuales que, curiosamente, tampoco están allí para escucharlo.

Van y vienen por el regodeo diario de su ego mimado y sus proyectos, ajenos a otras realidades en las que no se inmiscuyen porque les son molestas, sin mover un solo dedo por una solidaridad que no sea la que se ice, protocolaria, en algo más alto que su propio escalafón. Endogámicos ellos, pasando sin despeinarse por los cadáveres de otros. Y resisten, porque en el fondo, les vienen al pairo.

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Escrito por Diego Cruz el 11 de Abril, 2012

Vienen, como caídos de un guindo, y poco a poco se les va subiendo a los ojos esa mirada astuta de mero cálculo y palabras con dobleces. Poco a poco van aprendiendo los regates personales, la fórmula imprecisa y la teoría abstracta carente de significado. Hacen discursos que no asimilan en su fondo, se modulan la voz en cursillos apresurados de la cosa e, incluso, inflan la vanidad hasta límites insospechados.

Son los lidercitos al uso, incluso utilizando siglas para el propio beneficio, e intentando intercambiar personas; cómo si de cromos se tratasen. No les importa el resultado electoral que la población les da en las urnas; ni el examen que de ellos hacen con el voto, interpretando su mala gestión de cuando han podido gobernar. Ellos insisten desde su particularidad intocable, ciega ya de poder y egocentrismo.

Son los lidercitos rodeados de palmeros, militando en la lealtad perruna de sus propios intereses, por donde no penetra el aíre fresco y constructivo de la realidad que acontece. Y se siguen mirando el ombligo muy presumidos, con esa altanería que a veces destila la mediocridad a raudales, causando vergüenza ajena desde los comportamientos tan obscenos.

Han perdido definitivamente el norte; y la capacidad de auto reflexión que ha quitado del mapa la propia dictadura de las prisas. Se encantan a sí mismos y buscan aduladores que les aplaudan sus opciones; ya sean o no las más propicias, puesto que el fin en si mismo, justifica los medios de mantenerse apesebrados; allí donde el calor tiene más temperatura y la patente realidad, por olvidada, es más ajena.

No soportan una opinión contraria a la suya que, desde una metafísica entrecomillada, se ha erigido en la única opinión respetable desde sus corazones tan demócratas. Hacen lo que no dicen y dicen lo que no hacen, siendo unos perfectos actores en un mundo que se va construyendo a la medida de los más equilibristas. Se pasan por el forro el respeto a la memoria de unas ideas que han costado vida, cárceles y mucho sufrimientos; aunque desde la tranquilidad de sus panzas burocráticas, nos quieren hacer creer que siguen defendiendo los mismos valores. Y no es cierto, porque ese significado profundo de las ideas llevadas a la práctica, sencillamente han de estar asimiladas en las entrañas: militancia del propio sentir, con corazón, que apela a la complicidad de mucha más gente que se ve identificada.

Olvidan muy a menudo que viven de lo que pregonan, dejando al margen a los que tan solo llevan la ilusión como bandera y múltiples utopías en la maleta, con la que hace tiempo van recorriendo su silencioso camino; pero que no se ganan el pan con esas ilusiones tan limpias e inquebrantables, lo cual es una notable diferencia moral que a menudo se olvida. Y hacen escuela para seguir perpetrando el seguidismo de la plantilla a tiempo completo de los más secuaces, los cuales suelen doblar la cerviz de una manera casi autómata. Vencen, pero no convencen, desde el voto cautivo de la afiliación de amigos, familiares y los últimos pescados a ras de calle, motivados por el ansia viva del poder que ya les corroe, dejando en la estacada cualquier ápice de crítica constructiva o amable consejo. Viajan por los círculos viciosos de sus propias estructuras, ajenos a la realidad más palpable de la que hace tiempo dejaron de formar parte, endilgándonos unos discursos copiados y leídos, porque para memorizarlos antes hay que pasarlos por el tamiz del asimilarlos desde las más hondas creencias.

Se han postulado como los adalides de la defensa de tus ilusiones y las mías, pero están lejos de la pedagogía cívica y constructiva que los ciudadanos y ciudadanas necesitamos. Han pasado de mentirnos a nosotros, a mentirse hasta a ellos mismos, con ese comportamiento que ya se emborracha de la patología del engaño. Algunos no nos representan, aunque nos digan desde sus trincheras en sombra que son de los nuestros, porque no tienen el coraje de sentir como nosotros, ni abordar un comportamiento con coherencia que sea el mismo delante de los focos que en la intimidad de sus propias conciencias. Y por eso hay que ponerle cara a esta camada de lidercitos aprovechados que últimamente nos están rodeando y riéndose, literalmente, de nosotros, para actuar en defensa propia y porque la dignidad de cada persona es el terreno más sagrado que se configura desde la patria humana del respeto.

Sencillamente llevan una senda oscura que no es el camino a recorrer de nuestro viaje. Nosotros vamos recorriendo el siglo que nos ha tocado vivir, buscando a toda costa una sociedad mucha más justa para todos, con la defensa a ultranza de la libertad como no dominación, y para ello es necesario muchos menos lidercitos, ninguna astucia reventona de malicia y más política con mayúsculas.

¡Esos si que son de los nuestros y en el mismo camino nos encontraremos!

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Escrito por Diego Cruz el 17 de Marzo, 2012

Como usuario completamente enamorado de las redes sociales encuentro en ellas una oportunidad de pedagogía cívica donde, la inteligencia colectiva, es uno de los mayores baluartes que ha de redundar en beneficio de todos. Y desde la crítica constructiva, por supuesto, se puede perfectamente debatir; porque de eso se trata, aunque cada cual mantenga posiciones ideológicas distintas. La red, como herramienta eficaz, eminentemente democrática y distribuida, se pone por lo tanto a nuestro favor para que las conquistas por hacer más amable éste siglo, nos sean algo menos complicadas. Aprendiendo de sus múltiples usuarios, al menos, esa es la grata impresión que cada día me llevo.

Otra cosa distinta es la nefasta aportación que algunos machitos engallados quieran hacerle desde las trincheras del anonimato más cobarde, o con la testa ya reventona de crispación a buen remojo, en algún abrevadero de alcohol de fin de semana. No se puede insultar impunemente desde la osadía nefasta del desconocimiento, o desde la frustración supina y nocturna que a trasmano pueda visitarles. Porque aquí, recordando las palabras de Ortega: “todo el mundo tiene derecho a expresar lo que siente; siempre, claro, que se comprometa a sentir lo que debe”.

Viene esto a colación para denunciar públicamente la verborrea talibán e insultante de un tal @sergiomartin_ que se despacha de manera chabacana y agropecuaria contra Ana Pastor, periodista intachable; que además hace acopio de una prosa parda muy necesaria que no se puede confundir, como digo, con esa obscenidad de cafre del susodicho, el cual tiende a embadurnar de odio y machismo ibérico el contenido de su crispado mensaje. No a esta falta total de respeto hacia las personas y no al intercambio gratuito y dañino de improperios. Las redes sociales son otra cosa.

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Escrito por Diego Cruz el 14 de Marzo, 2012

Hoy he visitado las oficinas de empleo -¿empleo?- de mi barrio que, para las nueve en punto de la mañana ya estaban completamente abiertas al público; lo que ya es un impresionante madrugar que se me ha tatuado de lleno en el asombro. Antes de abrirse la puerta, riadas de desempleados abrevaban en sus inmediaciones en busca de un trabajo, y el humo de los ingentes cigarrillos hacía de improvisada señal de humo para, mejor que un google maps, poder ubicar al nutrido grupo de parados.

En mitad de la mañana soleada y anónima, una fauna variopinta se arremolinaba en la fila con un cargamento de obligado asueto, y pelos a medio peinar, dibujando en el aíre bocetos de perplejidad y hastío. Por allí pululaban amas de casa sonñolientas; señores de más de cincuenta desdentados y panzones; jóvenes con la última licenciatura apolillada en el bolsillo y varios rumanos intentando descifrar en el idioma que se escribe la realidad que acontece. Y en mitad del paisaje, incluso yo mismo, dando fe lírica de los momentos más crudos con esa pizca de humor que ellos se merecen.

A las nueve en punto, como digo, un vigilante de seguridad descamisado, con algunas ojeras aún aupadas al flácido balcón de los párpados, todavía retiene unos minutos la apertura del portón para sentirse protagonista de la escena y le endilga a su rutina un minuto de gloria para su propia biografía. Seguidamente, ordenados en de a uno, el personal pasa muy cívico hasta las dependencias de una de las oficinas de la Consejería de Educación y Empleo de la Comunidad de Madrid donde los primeros números electrónicos y de turno principian a saltar.

Media hora más tarde, el personal que va tomando confianza termina por alzar la voz al unísono, lo que obliga al vigilante mencionado ordenar silencio con su voz bronca y de mando, dado que la Consejería, como ya queda dicho, es de Empleo; pero también de Educación, con lo cual es principio básico guardar las formas de la mínima conducta. Y las riadas de gente acatan la orden del chssssss, o mutis por el foro, con una disciplina digna de alabanza; porque a éstos lares uno puede venir con el ánimo jodido, pero tampoco es cuestión de propagarlo a voces.

En definitiva: que hoy, miércoles al sol de mi existencia, he tramitado yo mi prestación por desempleo como mandan los cánones de la santa burocracia, con todo el papeleo del que aún no se ha desvinculado la administración, para ser electrónica. Y ya a la salida, leyendo que aquello era una Consejería en toda regla, le he pedido al funcionario de turno un consejo -vinculándolo al significado de consejería- para afrontar el futuro. Pero no me lo ha dado, sino que me ha espetado con el rictus muy serio: ¡Vuelva usted mañana!. Y en esas estamos.

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Escrito por Diego Cruz el 13 de Marzo, 2012

A mí, el personaje rasposo y cínico de la ya afamada Obdulia, me recuerda a aquellas señoronas retratadas por Manuel Vicent en una de sus magistrales columnas que, después de tomarse unas pastas con té en Embassy, salían a la calle convertidas en hienas, reventonas de improperios con los que darle estopa a Zapatero, participando en una de las múltiples manifas perpetradas contra su persona. Eran, como ustedes recuerdan, los tiempos duros y rencorosos de la legislatura de la crispación, donde un odio negro y municipal se extendía por las calles, mostrando así las formas agropecuarias con las que un nutrido grupo de exaltados habían decidido ponerle unas vergonzosas minúsculas a la noble tarea de hacer política; por aquello de apostar por el caos, por si salía rentable.

Obdulia, participando en los debates metafísicos de Tele5, venía de incógnito a alabar la reforma laboral de Don Mariano; pero he te aquí que Don Antonio Miguel Carmona, practicante de un sentido del humor harto saludable, le desmonta en un pis pas a ésta señora todo el cinismo que como palmera mayor del PP ya estaba ejercitando sin rubor dentro del estudio. Vamos, que el mentir está muy feo y siempre es preciso dejar semejante acción en su obscenidad desnuda, aunque les venga al pairo a tanto militante de la derecha más rancia que, en un arrebato de cabreo sin suficiente reflexión, han votado muy por encima de sus posibilidades. Seamos; si no más serios, doña Obdulia, al menos algo más íntegros y honestos.

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Escrito por Diego Cruz el 10 de Marzo, 2012

He tenido la gran suerte de poder asistir a los II Premios de la Igualdad convocados por l@s socialistas de Pinto. En esta ocasión, las galardonadas han sido: Maribel Nebreda y Carme Chacón. A la presentación del acto han acudido también, Juan José Martín, Secretario General de la Agrupación de Pinto, así como Tomás Gómez, Secretario General del Partido Socialista de Madrid.

Acto entrañable, cargado de emotividad, donde se ha puesto de relieve que sigue siendo necesaria la lucha por la Igualdad entre hombres y mujeres; más si cabe, debido a las políticas de retroceso que la derecha está aplicando desde su llegada al gobierno.

Tomàs Gómez, en su alocución, calificó a la derecha de “integrista” y anunció que “estamos en estos momentos en una involución, en una contrarreforma en derechos e igualdad”. También aludió “al necesario avance en laicidad, porque los ciudadanos y ciudadanas no somos feligreses” y avisó sobre las intenciones de la derecha de que “quieren hacernos retroceder a tiempos predemocráticos”.

Carme Chacón, por su parte, cercana y risueña, felicitó a Tomás Gómez como nuevo Secretario General del Partido Socialista de Madrid diciéndole: “haremos que crezca la siembra” en clara alusión por el trabajo realizado y el que aún queda por hacer. En su intervención, haciendo alusión a la histórica reivindicación de todas las mujeres, también dejó dicho que: “los prejuicios son la peor barrera contra la Igualdad” en clara referencia a las últimas declaraciones perpetradas por el actual Ministro de Justicia, don Alberto Ruiz Gallardón. Y terminó su discurso con una ética declaración de intenciones: “con toda la gallardía, trabajemos para que avance el género humano” lo cual no deja de ser un reto apasionante para los tiempos que corren.

En definitiva, actos que relajan un poco de la actividad política en estado puro; de los congresillos y congresos, pero que son altamente necesarios para dotarnos de una cercanía y presencia física en las ciudades, a la vez que asistimos a eventos muy necesarios donde poner en escena la defensa fundamental de nuestros valores socialistas. ¡Que se repitan más, y con más frecuencia!

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Escrito por Diego Cruz el 15 de Febrero, 2012

Cuando a uno le comunican que está despedido; con lo frías y solemnes que rebotan esas palabras en las paredes de los cerrados despachos, creo que se produce una situación protocolaria y tensa, cuanto menos, curiosa. El interlocutor enhebra el mensaje, certero y macizo; puntual y doliente, con palabras de relleno. A su vez, trata de esforzarse para que la movilidad en descenso que te acaba de perpetrar, te sea lo menos dolorosa posible, pero eso solo se consigue con la ilusión de las palabras no dichas. Pero han sido dichas y ya no tienen vuelta atrás. Y tú, acorralado para que la emoción interna no se te dispare, guardando la compostura como mandan los cánones del estricto protocolo, te esfuerzas por permanecer lo más entero posible en esos precisos momentos, aunque tu interior ya es una pena que tizna, propensa a embadurnar a todo aquel que se te acerque. Un fingimiento atroz, por ambas partes, donde incluso las miradas han de permanecer impasibles y duras, para que el conato del lenguaje no verbal, siempre certero, no te delate.

Y en esas estamos: con la noticia de que, después de ocho años intensos de tu vida, el sarcástico destino te dice con cierta sorna que todo ha terminado. Atrás quedan anécdotas, relaciones humanas, aprendizajes diversos, estrés de rutina, cansancios, ideas sueltas y en este plan. Vas cargando en tu mochila papeles importantes, tarjetas de visita, libros sueltos y un bagaje que luego siempre tratas de sopesar en la balanza. Un pesar la realidad que acontece por si resultado es positivo o negativo.

También te afloran los recuerdos. Algunos buenos que se abrazan a tertulias improvisadas, palabras con profundo significado que llenaron alguna tarde, o simplemente un gesto humano que se dejó traslucir a través de una mirada de complicidad, honesta y suficiente. Otros, por el contrario, apelan a los malos modos de algunos, su malicia incomprensible, así como la vanidad de otros que, desde el pesebre de la fama donde se echaron a dormir desde hace lustros, su única preocupación es la adoración perpétua de su persona, donde el personal está obligado a la genuflexión y a rendirles pleitesía. Son como seres estancados ya en otros siglos, imposibles para comprender la realidad cambiante que acontece, y con los que decididamente no se podrá contar para los cambios profundos que necesita el siglo; no tanto desde la manida teoría, sino desde la práctica que, con coraje, es capaz de bajar a la arena de la realidad que nos rodea. Se resisten en su poder duro y silencioso, inmiscuidos en la adoración de si mismos, pero están profundamente viejos; no tanto por la edad, sino por la oscuridad de su carácter. Y acabarán solos, pagando a chorros su goteo de injusticias.

Mientras, te llegan mensajes de ánimo; conversaciones amables reventonas de humanidad y transparencia; de gente anónima y otras no tanto. Te llegan correos, llamadas de teléfono; ofrecimientos de tiempo regalado, para donar por las buenas, conversación y gestos a la orilla de una tarde. Y entonces es cuando valoras el capital humano que te sigue acompañando, que te presta su incondicional apoyo en los momentos más duros, o que sabes que está ahí desde siempre, en mitad de la sombra y sin hacer apenas ruido.

Por eso hay que permanecer en la resistencia, y ser obcecados en las ilusiones y utopías que uno se forje y quiera compartir. Por estos lares seguiremos apostando por la relación humana más profunda, por el valor del trabajo compartido conformando buenos y nobles equipos, por la conversación sin dobleces, por el lenguaje limpio que aspira a la comunicación transversal y enriquecedora, por el romanticismo y bondad en el carácter que es incapaz de utilizar a los demás como si fueran meros objetos de un mercado. Por la dignidad humilde basada en el respeto por el otro y valorarlo; no tanto por lo que tiene, sino por lo que es en lo más profundo de su ser. Ser de izquierdas, en definitiva, y actuar en consecuencia; desde la absoluta coherencia, palabra siempre alejada del cinismo.

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Escrito por Diego Cruz el 6 de Febrero, 2012

Gracias a un twitt de @belenbarreiro_ tengo conocimiento del interesante espacio: Líneas Rojas, que son un grupo de militantes y simpatizantes dispuestos a participar en el debate público. La iniciativa tiene como demandas fundamentales; por un lado, la reivindicación de unas líneas irrenunciables para el PSOE que han de defenderse con fuerza y, por otro, vincular el pensamiento progresista a la transformación de la realidad en la que estamos inmersos.

Según consta en su web, las ideas fundamentales son:

  • No hay progreso social sin redistribución de la riqueza.
  • Educación y sanidad públicas, de calidad, universales y gratuitas.
  • Democracia en participación, no solo votar cada cuatro años.
  • Una España federal y social en una Europa federal y social.
  • El objetivo es el empleo de calidad, no cualquier empleo.
  • Tolerancia cero con la corrupción.
  • La política puede cambiar el mundo y someter a los mercados.
  • Invertir en ciencia y tecnología es invertir en futuro.
  • Hay que recuperar la centralidad de la igualdad en el discurso de izquierdas.
  • El Estado, laico.
  • Igualdad real entre hombre y mujeres.
  • La lucha contra el cambio climático es vital y una fuente de riqueza.

Entre sus colaboradores se encuentran: Antonio Arroyo, David Corominas, Alfonso Egea, Saray Espejo, Rocío González, Raquel Jimeno, Juan Maroto, Ferrán Martínez, Pepe S. Martínez, Vicente Montávez, Rosa M. Navarrete, Bernardo Navazo, Alberto del Pozo, Javier Ramos, Manuel de la Rocha Vázquez, Erika Rodríguez, Domenec Ruiz, Miguel Ángel Ruiz, Pedro Sabando, Borja Suárez, Ricard Torrel i Blanquer y Andrés Walliser a los que me permitiría aconsejar que todos y cada uno de ellos se abrieran un perfil; tanto en Twitter, como en Facebook, para que el mensaje viral de sus propuestas tuviera mayor alcance.

El espacio cuenta con su propio blog, aparte de un espacio en las distintas redes sociales. Les invito, si son tan amables, a leer los interesantes artículos que ya tienen allí publicados. ¡Buena navegación!

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Escrito por Diego Cruz el 2 de Febrero, 2012

Vamos… que apunta maneras éste jodido Wert en el ministerio de la cosa. Ha tardado poco en ventilarse Educación para la Ciudadanía porque, al parecer, era una asignatura de adoctrinamiento y aquí, para adoctrinar, ya tenemos las misas industriales promovidas por Rouco, que para eso somos un Estado laico y aconfesional; y a mucha honra. De lo que se trata, pues, no es de leer los consejos del filósofo José Antonio Marina cuando dice que la filosofía y la ética son importantes para la educación, con el fin de mejorar el nivel de convivencia deteriorado; o cuando menciona que una buena democracia necesita de mayorías ilustradas. Estábamos muy confundidos.

Wert ha descubierto la panacea. Vuelta a la tauromaquia; a las tardes de morlacos, sol y moscas. Un regresar a los tendidos del siete, un suponer, donde las panzas pueden exhibirse soberanamente y el hombre macho y cabal se mete entre pecho y espalda ese puraco ibérico que nutre de poderoso humo los tendidos. Una vuelta al paseillo del torero valiente marcando hombría y genitales, toda vez que la arena del coso se embadurna de sangre roja que firma la batalla. Y vengan a las aulas, para generaciones venideras, unos cursos de iniciación a semejante metafísica, con el añadido de apuntes para perpetrar chicuelinas; o quien dice chicuelinas, manoletinas, derechazos, naturales o en este plan. El caso es que los muchachos sepan distinguir a un morlaco negro bragao de uno zaíno, verbigracia, porque entre semejantes detalles se puede jugar más de un porvenir.

En definitiva, ni se les ocurra buscar formación en los libros: la educación está en los ruedos. ¿Pensar?… ¡qué lo hagan otros!

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Escrito por Diego Cruz el 30 de Enero, 2012

Por fin arropado entre el silencio creativo de esta casa, rincón doméstico donde descansar del ruido y de la prisa, trinchera conocida desde donde siempre hemos soñado con el orden de las pequeñas cosas, buscando incesantemente las páginas de algún libro que nos explique siempre un poco del contenido de la vida.

Releo ahora un poema que te dediqué apenas con seis años, cuando tu sonrisa ya era el valor en alza más importante, infancia incontaminada que se te subía incesante por el balcón de tus azules ojos:

El abrazo. El poso

del infinito tiempo

que se nos queda entretenido entre las manos.

La estela del minuto

resistiendo

para no haber vivido en vano.

Tu gesto azul en niño y

tu sonrisa alegre

repleta de vocablos.

Mi mirada absorbente

y el calor de tu beso

como mimo sagrado.

Y al fondo

la mañana que inaugura

el lírico trino

que convocan los pájaros.

El abrazo. El poso

del infinito tiempo

que se nos queda entretenido entre las manos.

La estela del minuto

resistiendo

para no haber vivido en vano…

Y seguimos aquí, silenciosos y noctámbulos, configurando prosa humilde para dedicártela. Ahora que nos toca torear un morlaco de la ganadería del destino, afrontando con entereza el presente más inmediato al que nos toca vencer. Orgullosos de tí y de tu nobleza, de tu manera de ser y de tus futuras y luchadoras expectativas.

Seguimos, estos días, echándote un poco más de menos, pero también valorando el impagable tesoro de tu presencia, de tu ya adolescente biografía, de tus significativas ilusiones y el aluvión encantador de tus primeros sueños. Seguimos trayendo a colación tu buen humor, tu heredada retranca de sarcasmo y tu fina ironía que, como yo, sueles utilizar en legítima defensa.

Seguimos celebrando que ya seas universitario, envuelto en esa amalgama de apuntes y libros que a mí tanto me gusta cotillear e, incluso, tomar anotaciones. Orgullosos de tu entereza, de tu irte forjando una madurez que te valdrá para el futuro, o ver cómo vas orientando con responsabilidad ese barco de vida que, como existencia irrepetible, a cada cual le va tocando en suerte.

Palabras muy sencillas que vienen del corazón hasta estas páginas, himno solemne por donde el sentir se expresa, simplemente para desearte que te recuperes pronto, porque tengo un tanto huérfana la conversación sin tu presencia.

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Escrito por Diego Cruz el 26 de Enero, 2012

El lenguaje muchas veces se nos torna elemental e íntimo, una fuente de calor inagotable en la que sentimos la necesidad de cobijarnos; sobre todo cuando venimos tocados de una realidad muy otra, distinta a la que uno sueña alegremente, o tal vez lleva dibujada desde los confines de la infancia.

Regresar al silencio nocturno que pone al desnudo los instantes, el hontanar de vida que se exhibe en radical sentido, los minutos preñados de una verdad ya casi obscena que te indaga y te sonsaca.

Vuelta otra vez a la página en blanco desde el perpétuo desvarío, a buscar descanso en la dulce orilla de los párrafos, a rastrear signficados entre el gris en sombra de las sinuosas metáforas. Vuelta al lenguaje que viene del fondo dormido de las cosas, desde la raíz mineral que prende en rigor por los afectos, desde las vivas y a veces olvidadas habitaciones de la sangre.

Regresar a la anónima dignidad de los detalles más pequeños, al lenguaje más limpio de los gestos cotidianos, a la pleamar desde donde la bondad quiere subirse al balcón de los corazones más dispuestos.

Ir hacia los ojos que hablan desde sus códigos antiguos, quedarse varado en la página más concreta de algún libro, subirse a un recuerdo que las horas te han puesto entre paréntesis. Indagar la sinuosidad del presente retenido a base de viviencia, oler hasta el propio pensar que fluye por las galerías del cerebro, retener esa brizna de vida que se te antoja como única. Confluir, equivaler, ser en los otros…

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Escrito por Diego Cruz el 17 de Enero, 2012

Cuando llego a Casa Labra la acogedora sala ya está llena de medios y personas. Allí se han dado cita militantes de varias agrupaciones para escuchar a Carme Chacón que, muy amablemente, al entrar, me saluda y me llama por mi nombre; lo cual a mí me sorprende gratamente, para qué les voy a engañar. Y me siento en un rincón discreto, dado que motivado por mi vitalicia y crónica   timidez infantil, desde entonces he tenido verdadero pavor a las primeras filas.

Estar en Casa Labra no es cualquier cosa; desde luego, porque no hace falta recordar que aquél lugar es la cuna esencial del Partido Socialista Obrero Español, con lo cual estamos hablando de un orgullo común que engalana la memoria. Casa Labra, por tanto, a mí me parece un marco incomparable para retornar a las esencias y desde ese impulso de dignidad y recuerdo, proyectarnos con muchas más ilusión hacia los retos que demanda éste siglo que principia.

Carme habla con una proximidad que se agradece y en la sala se mencionan las palabras: igualdad, equidad, ideología, innovación, redes sociales… y su deje en la voz se va cargando de una ilusión propensa al cambio. Tiene Chacón ese aíre de juventud que se encarama encima de los retos y, con sincera pasión, acaso los trasciende.

Se vuelve aquí a las tertulias políticas que ponen rostro y voz a las personas; a la cercanía dentro de los lugares emblemáticos; a la escucha activa que se desprenden de unas palabras en relieve que no son, sino, el himno sustancial de una teoría que, insuflada de ideas y proyectos, ha de pasar en breve a la práctica. Se vuelve a la ilusión por poner en valor los profundos ideales, tomar el corazón de las calles y los barrios, practicar una proximidad en beneficio de la gente, sembrar un comportamiento cívico y honesto que repercuta en el bienestar de todos; devolver el alma perdida a las ciudades.

Y creo que entre todos vamos a poder lograrlo. Se percibe esa ilusión de cambio, ese #socialismoafectivo que ha de impregnar nuestras formas de hacer y nuestra convivencia. Podemos; se perfectamente que podemos, y me consta que estamos en ello. Se lleva en los genes de nuestra propia forma de ser; eso si, con el socialismo puesto en las arterias.

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Escrito por Diego Cruz el 5 de Enero, 2012

Reconozco que soy; sino un entendido -por desgracia- en redes sociales, si un apasionado de su utilización y de sus grandes ventajas. Una de mis preferidas es Twitter, a la que me atreví a bautizar como el gran teletipo ciudadano en el que, de manera abierta y democrática, miles de personas tienen la oportunidad de interactuar entre ellas. Y no hay día que no me acuerde del gran maestro Gómez de la Serna, pensando lo que podría haber hecho en ellas, aunque tan sólo fuera por el mero hecho de ensayar y publicar nuevas greguerías. Pero eso si, las suelo utilizar desde el respeto, apasionado como también soy de las relaciones humanas, dado que son un cauce de acercamiento hacia el otro, intercambiando posturas que generen un debate constructivo, porque vamos a necesitar muchos de ellos en éste siglo algo alocado que principia.

Cuento todo esto porque, justamente anoche, citando en Twitter la Alianza de Civilizaciones, a colación con un maravilloso libro de Máximo Cajal, me encontré en principio con ciertas discrepancias de Carmen Rodríguez, seguidora -¿compañera?- a la sazón: enamorada de la comunicación, en todas sus expresiones; lo cual ya era para mí una enorme garantía. Intenté acercar posturas a lo que siempre me pareció una obviedad: que la iniciativa de Zapatero y la Alianza de Civilizaciones, fue todo un acierto que ya ha trascendido, afortunadamente, nuestras fronteras. Y lo hice desde mi militancia en el falibilismo, doctrina lógica que admite la posible equivocación y, por ende, amiga de buscar nuevas fórmulas para llegar a aciertos. Al parecer no fue posible. Doña Carmen Rodríguez, seguidora -¿compañerta?-, a la sazón: enamorada de la comunicación, en todas sus expresiones, me espeta lo siguiente: “sinceramente “socialistas” como tú sobran. Eres dogmático. No me interesas. No te creo socialista”.

Claro, ante estas perlas, no del todo líricas, y tal vez reventonas de sectarismo, me dije para mí: atentos, que vienen los puristas de la cosa. Pues sigo insistiendo: en mi modesta opinión creo que la Alianza de Civilizaciones ha sido todo un acierto que, como iniciativa política de Zapatero, y avalada por la ONU, hay que seguir profundizando en ella como manera ética y humana de enriquecerse del multiculturalismo que ya está presente entre nosotros, yendo en paralelo con una Educación para la Ciudadanía que, tachada de doctrinaria, la mencionaban así los que precisamente tienen el monopolio del adoctrinamiento. Y más cosas que hizo bien Zapatero, sin por ello obviar y reconocer que también tuvo sus errores. Ante el sectarismo de esta amable seguidora, yo me quedo con la frase de Ernesto Sabato que publicó desde Santos Lugares: “que la utopía es el único camino”… agradeciéndole; eso si, su estética en el comportamiento y en las formas, obviamente.

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